
Ayer la noche lleguè temprano a casa, venìa de una despedida de un Director del Centro en el cual laboro actualmente.
Ayer en la noche lleguè a descanzar mi cuerpo del correteo de la semana que me tocò llevar, y me puse tranquilamente a ver la TV.
Ayer en la noche, mientras veìa la TV me dormì del cansancio y quizà de la mala oferta de programas que habìa.
Ayer en la noche, cuando me despertè en el asiento en el que estaba, una vez màs me acordè que se casaba mi hijo, mi ùnico hijo.
Y como sabìa que debìa ir una vez màs a orar y bendecir su vida, a la vìspera de su boda, a la vìspera de su gran despedida del hogar, bajè las gradas desde el segundo piso y lleguè a su habitaciòn, y por ella anduve, mirando la foto de un niño de un año, con sus ojitos de cielo que no puedo olvidar, a quien debì amar en algunos ratos siendo un padre joven de unos treinta años de edad que iba a trabajar y no sabìa tantas cosas.
Pero ayer en la noche, aquel padre que rondò la habitaciòn de su hijo para buscar còmo cuidar su vida, sin que se diese cuenta, y pedirle a Dios una vez màs, ya no era un padre joven y ocupado por sobresalir en su profesiòn y andar el mundo.
Ayer en la noche, me confieso, fui el padre que buscò la ropita de su hijo, buscò sus cosas, buscò su vida cotideana, lo que era rutina siempre y estaba ahì...pero saben què, no encontrè nada, solo encontrè dos o tres cosas en un gran vacìo...Ya sus cositas no estaban ahì...ya su vida no estaba ahì...
Dios, y gemì, y llorè con desesperaciòn, porque sabìa que habìa perdido su cercanìa, su cotideaneidad, su vida ahì, en ese mundo que yo le dì tal vez con mezquindad, tal vez con crudeza, tal vez con la mayor de las ignorancias, sin reparar que debì abrazarlo màs, perdonarlo màs, sonreìrle màs...
Y como no pude soportar estar màs en aquel vacìo de la habitaciòn de mi hijo, me fui huyendo hasta la compu màs cercana para dejar este testimonio. Y dejo este testimonio no para los padres viejos, sino para aquellos que todavìa sostienen en sus brazos a sus hijos, porque yo hace mucho que lo hice, y hace tanto que creo que ya me olvidè.
Y por haber dejado de hacer, y por hacer lo que no debì, le pido a Dios que su eterna sabidurìa y su misericordia, cubra lo que queda del dìa.


