“Carta al Señor Hipócrates, de la Isla de Cos, Grecia, año 400 a. C.”
Estimado Maestro:
Sé que ha establecido que la Medicina (de raíces griegas y latinas: “arte de medir y medicar con pensamiento prudente”), se constituye en la más humana de todas las ciencias. Así mismo, sé que Vd., entre otros, la derivó de la magia al empirismo para proteger al ser humano de la desgracia y del morbo.
También quisiera comentarle en esta ocación, que estamos despidiendo de la vida profesional activa al Doctor Carlos Arguedas Chaverri, un buen vástago suyo en cuanto a pensamiento clínico se refiere. Se retira de sus labores del Hospital México, con un homenaje el viernes 26 de marzo de este año 2010.
Con ocación de esta despedida, este Servidor que se suscribe, que también cree ser colaborador de la Medicina que Vd. nos legó, se permitirá leer una “alegoría” un tanto satírica, por lo lamentable de algunas cosas que suceden por estos días, al quehacer que nos ocupa.
Desde hace casi medio siglo se ha explotado logarítmicamente el estudio de la biología y la genética, paradigmas del modelo médico-biológico. Sin embargo, estoy ahora mismo recordando al gran psicólogo humanista de Nueva York, de origen ruso-judío, el Señor Abraham Maslow. Por sus estudios y enseñanzas, estoy lamentando ahora mismo que en la escala de necesidades, si acaso estamos atendiendo la base, y la atención de la persona enferma ha experimentado un marcado retroceso.
De esta manera, mi estimado Maestro Hipócrates, veo mal las bases metodológicas del abordaje médico asistencial. La concepción del paciente en su calidad de persona, su subjetividad, sus antecedentes, su entorno, han desaparecido de la consulta médica. Quiero decirle, Señor Hipócrates, que la Medicina se ha deshumanizado y mecanizado, y los pacientes han sido privados de su condición humanística tripartita: cuerpo-alma-espíritu. La serpiente de Aesclepio se ha liberado de sus pies.
¿Se acuerda Vd. cuando dialogaba con el paciente y éste le relataba, tanto de su enfermedad actual como de sus padecimientos personales y otros detalles, lo que le permitía pensar y medir y diagnosticar y medicar adecuadamente?
En mis guardias de analista en el Laboratorio de Emergencias del Hospital México, siempre miro un cuadro donde aparece Vd. palpando de pie, atrás y al lado izquierdo, con cuatro dedos de su mano derecha, el hipocondrio derecho de un chico de unos 10 años con una madre angustiada al otro lado. Noto en ese cuadro que la conversación es eminentemente intimada y fluída entre las partes. A esta imagen suya, siempre le dedico unos minutos para no caer en la rutina de mi trabajo analítico, y para recordar a los clínicos y aprendices de clínicos, que en el uso del arte y la intuición, la suma de pocas o muchas partes puede ser mayor que la unidad.
Pero además de lo anterior, lo que veo hoy es que la enfermedad se ha transformado en un “ser informático” que discurre y transcurre como si fuese una entidad independiente, en abierta separación de la persona que la padece. Pareciera que la enfermedad es una tesis de grado copiada de otra, y de otra, y así sucesivamente. Pero por tus enseñanzas y por las de tus seguidores como el Doctor Arguedas Chaverri, me doy cuenta de que la enfermedad como entidad “COPY” o “SER INFORMÁTICO” no es más que un trazo que dibuja la punta de un iceberg. ¿Serán necesarios tantos estudios sofisticados, caros, protocolizados, lerdos, ciegos?
Tu preceptor, el filósofo y poeta Empédocles, sostenía que no podía saber de medicina aquél que no supiese qué es el hombre. Por otra parte, Moliére en el Siglo XIX, en su obra satírica “El médico a palos”, ironizaba sobre el escaso contenido científico de la práctica médica de aquellos días. Luego de 150 años, este humilde Servidor quisiera también ironizar, en honor a los verdaderos clínicos que se nos van, que ya no hay carencia de ciencia, sino de pensamiento…
Metáfora hipocrática, dedicada al homenaje de despedida del Dr. Carlos Arguedas Chaverri, Jefe de Servicio Medicina Interna, Hospital México. Viernes 26 de marzo de 2010.
miércoles, 27 de abril de 2011
sábado, 16 de abril de 2011
El ascenso de la edad

Amigos lectores:
Me permito adjuntar un poema que retrata el cambio de la edad y la ida de los ímpetus de la juventud. Todo lo cual no es cierto, porque el alma no envejece.
Os invito a leerlo y comentar. Gracias,
Dr. Fronteras
El ascenso de la edad
Iba yo dejando la inocencia
olvidando la luz
las espigas de primavera
y los sueños de mis amores
en el tinglado del tiempo.
Al igual que el acero
entrega su fortaleza
a la longitud del ácido
iba yo dejando que viviesen
la vida los demás.
Y en una noche de desvelo
de mis cincuentas
una voz desconocida
me contó que aún me esperaba
con un gran amor.
Era una voz que reunía
a todas las voces amadas
y me dijo
de una catedral sumergida
y me dijo
de un enorme canto de violines.
Al oír sus propuestas
le hablé de la estatura moral
y la edad de la razón
de la métrica que usan las gentes
para valorar a un hombre.
Casi de rodillas le pedí
que no buscara ningún horizonte
pues mi alma estaba sellada
a la ida del tiempo
con una fórmula social.
Le expliqué que ya era tarde
que los deberes y los días
estaban escritos
en un libro de nieve
que yo forjé.
Pero aún me mostró entre sueños
cabalgavías de peces y madréporas
que iban a la catedral de violines
con sus formas y colores caprichosos
en ese océano anónimo del tiempo.
Y dijo que era vida
venida de otras vidas
ascendiendo y cayendo
con sus órganos poderosos
en tenaz existencia.
Con el viejo corazón del olvido
que dejó atrás el deseo
y olvidó el asombro
le dí la espalda
a las cosas que decía.
Y bajé la cabeza
diciendo que no
y lloré con los ojos cerrados
en la docta verticalidad
del intelecto y la noche.
Entonces corrió una brisa
grande por el cielo
mientras se nublaba mi mente
vencida por la noche
en un sueño sin nombre.
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