miércoles, 17 de agosto de 2011

¿Con creer o sin creer?


Un espacio vertical comunica
nuestro intelecto
con lo de en medio,
con lo de abajo,
y con lo de arriba.

Nos permite tener un pensamiento
nuestro sin contaminaciones,
como una lágrima de Dios
que cae del cielo
sin voces ajenas.

Significa un paréntesis
en la función de existir
y advierte con anestesia
la despreocupada existencia
de las cosas sin nosotros.

Una vez que ha llegado
El Intelecto con su etiqueta
de embajador plenipotenciario
y sentado en la butaca
del teatro de nuestra vida
somos invitados a dos caminos.

Creer o no creer...


Con creer podemos entender
lo que solo Dios reservó
a los que lo ven.
Sin creer solo podemos ver
el paso indómito
de la naturaleza...

Yo no hablo de buscar a otros
que nos dicten nuestra vida
con discursos y garantías,
hablo de saber escuchar
el himno de nuestra alma.

Con creer, se ensancha
nuestra visión tolerante
de un mundo materialista
cuya función decadente, entrópica,
es clara y lineal.

Sin creer nos vemos presos
de un mundo incierto
que poco a poco
acaba y nos acaba...


Con creer, rescatamos la persona
de su vacío natural
y con praxeología completa
damos al quehacer humano
un sentido de poco y de mucho
sin fronteras.

1 comentario: