miércoles, 11 de noviembre de 2009

Viejo poema del siglo XX

La palabra con emoción es poesía, no importa qué formato textual se use, refleja directamente la vida sin adornos ni metáforas; nace de los más profundo de la conciencia, quizá del Id (ello) de Freud, y se eleva a un metalenguaje que escandaliza la vida social en menor o mayor medida, como todo arte...Ejemplo (no es mío): 

 

"¿Que cómo fue, señora?. Como son las cosas cuando son del alma. Ella era muy linda y él era muy hombre. Y yo la quería y ella me adoraba. Pero él, hecho sombras, se me interponía. Y todas las noches junto a su ventana fragantes manojos de rosas había. Y cuando las sombras cubrían las cosas y en el ancho cielo la luna brillaba de entre las palabras brotaba su canto y como una flecha llegaba a su casa... ¡Cómo la quería! ¡Cómo le cantaba sus ansias de amores y cómo vibraba con él su guitarra! y yo tras las palmas con rabia le oía y entre canto y canto colgaba una lágrima, lágrima de hombre, no crea otra cosa que los hombres lloran como las mujeres porque tienen débil como ellas el alma. Y cuando la sangre se enrabia en las venas no hay quien pueda. Y una noche oscura ¡lo hacen los celos! lo esperé allá abajo junto a la cañada. Retumbaba el trueno y llovía y el río, igual que mis venas, hinchado bajaba. Al fin a lo lejos lo vi entre las sombras. Venía cantando su loca esperanza. En el cinto, colgado el machete. Bajo el brazo, la alegre guitarra. Se acercó a mi lado, tranquilo, sereno, me clavo en los ojos su fría mirada. Me dijo:¿Me esperas? Le dije: Te espero. Y no nos hablamos ni media palabra. ¿Como la quería?... El machete dijo su amor y sus ansias. No fue lucha de hombres, fue lucha de toros. Pero mas que el amor y el ensueño pudieron la envidia, los celos y la rabia. Y al fin mi machete lo dejó tendido sobre su guitarra...... Todavía en el suelo me dijo llorando: ¡Quiérela...que es buena quiérela...que es santa quiérela como yo la he querido, que aunque muero, la llevo metida en el alma! Y tuve celos del que así me hablaba, tuve celos de aquel que moría y aún muriendo la amaba. Y la sangre cegó mis pupilas. Y el machete en la mano temblóme con rabia y rasgué su carne buscándole el alma. Porque el alma se llevaba mi hembra, y yo no quería que se la llevara. (autor incierto)..."

 


 

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